Davos y las perspectivas para la economía mundial en 2018

La 48ª reunión anual del Foro Económico Mundial, o World Economic Forum, ha debatido, entre otros asuntos, las perspectivas para la economía mundial en 2018.  Asimismo se han tratado los retos para la coyuntura económica a medio y corto plazo. Este encuentro se celebró entre el 23 y 26 de enero, en la pintoresca localidad suiza de Davos.

Esta conjunción planetaria de líderes (la élite de la política, la economía y las finanzas, según los medios) recibe hoy una ingente cobertura informativa. Sus antecedentes, sin embargo, fueron más modestos. Un profesor alemán de política empresarial, Klaus Schwab, preocupado por el gap de eficiencia que existía entre las empresas norteamericanas y europeas, creó en 1971 el  European Management Forum. Su objetivo era fomentar el análisis y debate entre los líderes empresariales del Viejo Continente, de modo que se diseñaran estrategias para paliar esta divergencia.

El Foro fue cobrando importancia y visibilidad con el paso del tiempo. En 1974 invitó por primera vez a líderes políticos; en 1979 comenzó a publicar el muy difundido Global Competitiveness Report y en 1987 adoptó la denominación actual, World Economic Forum.  En 2015 fue reconocido formalmente como una organización internacional.

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Davos, Suiza, ciudad en la que se ha discutido sobre las perspectivas para la economía en 2018

Quizá la asistencia a su reunión anual de figuras tan ilustres  – con el consiguiente despliegue de medidas de seguridad, cobertura mediática y cuota de quejas antisistema –  le da de un cierto aire de farándula. No en vano el último Hola dedica un breve reportaje a los estilismos de Máxima de Holanda, Rania de Jordania y Juliana Awada en Davos. Salvando las distancias y sin ánimo de ofender, para el Who is Who de la economía mundial la cita de Davos podría equipararse a lo que suponen la Semana de la moda de París para las pasarelas, la final de Wimbledon para el tenis o  Ascot para los amantes de las carreras (y sombreros). El Foro de Davos, no obstante, es una institución seria que genera abundantes publicaciones, elabora un índice de competitividad global ampliamente utilizado por organismos e investigadores y está al día de las últimas tendencias: ya ha creado, por ejemplo, un centro para la cuarta revolución industrial. 

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Ignacio Galán, Presidente de Iberdrola, en el Foro de Davos

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Sesión del World Economic Forum 2018

 

Puesto que, de modo muy conveniente, se celebra en enero, resulta un marco idóneo para encuadrar opiniones, predicciones y pronósticos sobre la coyuntura económica futura y, más en concreto, del año que comienza. También permite tratar  las claves y los retos económicos y empresariales a que se enfrentan gobiernos, empresas y ciudadanos. En el Foro de Davos de 2018 pasado se han debatido, como es lógico, numerosos temas, y resulta imposible resumirlos en un post; por esta razón me centro aquí en el análisis de la coyuntura actual  y las perspectivas de la economía en 2018 y 2019.

Perspectivas económicas para 2018 y 2019

La coyuntura económica en los próximos años: datos y cifras

La economía mundial disfruta de una fase expansiva – o momento dulce –  que comenzó a mediados de 2016. El FMI atribuye la recuperación, en buena parte, a los estímulos monetarios y fiscales puestos en práctica en los últimos años, y pronostica una tasa de crecimiento mundial del 3,9% para 2018 y 2019 (ver cuadro inferior).

Es pronto para conocer a ciencia cierta sus causas, pero sí parece innegable que la recuperación es un hecho en un gran número de países. Incluso en Europa, tras años de languidez y escaso dinamismo, se comienza a ver la luz al final del túnel, una vez que el shock producido por el Brexit  está asumido y metabolizado. Queda mucha tela que cortar y acuerdos que negociar en este capítulo, pero la salida británica ya no se percibe como el apocalipsis, ni tampoco ha generado un efecto dominó en el resto de miembros de la UE.

Y hablando de Reino Unido, y como ya comenté en este post sobre las consecuencias del Brexitla economía británica se ha desacelerado en los dos últimos años. El país crecía al 3,1% en 2015, y desde entonces la cifra ha ido reduciéndose paulatinamente, hasta un exiguo 1,7% en 2017. Las proyecciones para los dos próximos años la sitúan en el 1,5%. ¿Causas?  probablemente (aunque es pronto para decirlo de modo categórico), la incertidumbre generada por su salida de la UE y el ulterior proceso negociador, que no favorecen en absoluto la inversión ni la confianza de los agentes.

Con todo, el mercado de trabajo británico continúa mostrando un comportamiento espectacular (pueden consultarse aquí los datos estadísticos actualizados sobre el mercado de trabajo de Reino Unido). La tasa de empleo alcanza el 75,3%, casi un punto más que hace un año y la más alta de la serie histórica que comenzó en 1971. Y la tasa de paro prosigue su descenso, del 4,8% de hace doce meses hasta el 4,3% actual, el nivel menor desde 1975.  El sistema financiero, como destacó el Gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, está ya saneado. Por supuesto, la gran pregunta sigue siendo qué impacto ejercerá a medio plazo la salida de la UE.  La incertidumbre que el proceso conlleva es peligrosa para todos y especialmente nociva para los que deben tomar decisiones de inversión.

¿Cual es el reto principal para buena parte de las naciones de Europa? como se ha dicho hasta la saciedad, acometer  las (todavía pendientes) reformas estructurales, que eleven la eficiencia de la economía y propicien el aumento de la productividad, sobre todo en determinados países.

Y es que la lenta retirada de los estímulos monetarios hace a la eurozona especialmente vulnerable frente a posibles burbujas financiera; proporciona, además, un balón de oxígeno a aquellos gobiernos que carecen de capital político, visión o valentía para poner en práctica las transformaciones necesarias.

Una buena noticia es que Francia parece avanzar en la dirección correcta gracias a las medidas diseñadas por Macron en cuestiones tan espinosas como el mercado de trabajo, la educación o las pensiones. En este sentido, 2018 es un año clave para conocer los detalles de las reformas en la economía francesa. Esperemos que lleguen a buen puerto.

Como es habitual, continúan los debates interminables sobre los temas habituales, que han vuelto a salir en el Foro de Davos: la conveniencia o no de una mayor integración en la UE, la distribución de las cargas y la contribución relativa de cada país miembro, de manera que la UE no se conciba como una  “unión de transferencias” (Transferunion), o los riesgos de un eje franco alemán.

Al otro lado del Atlántico, EEUU anota datos sólidos de crecimiento y creación de empleo. ¿Hasta qué punto se debe a la bajada de impuestos y su impacto sobre la inversión? es pronto para decirlo, aunque el FMI así lo cree. El Presidente Trump  anunció en Davos que Apple acometerá inversiones de 350 miles de millones de dólares en suelo norteamericano en los próximos cinco años.

Es una buena noticia para el mercado de trabajo estadounidense si va acompañada, como es razonable suponer, de la contratación de empleados de alta cualificación. Los efectos benéficos de este escenario pueden extenderse a toda la economía merced a las posibles externalidades que genere esta estrategia;  no hay que descartar que otras empresas imiten al gigante tecnológico basado en Cupertino.

Asia continuará con su aportación notable al crecimiento mundial, aunque China moderará algo su ritmo expansivo merced a políticas fiscales y monetarias contractivas. No obstante, este seguirá por encima del 6%. Las proyecciones para India continúan siendo espectaculares: 7,4% en 2018 y casi el 8% en 2019.

Japón, el eterno convaleciente, parece dar muestras de franca mejoría: ya encadena 7 trimestres de crecimiento cercano al 2%. Japón se enfrenta, con todo, a retos notables en diversos ámbitos, como los precios, la demografía y el mercado de trabajo; la deflación dura ya 15 años y en muchos ámbitos de actividad no es fácil cubrir las vacantes con el personal adecuado.

También el crecimiento se acelera en América Latina y el Caribe, hasta el 1,9% en 2018 y el 2,6% en 2019. Algunas de las grandes economías de la zona, como Mexico y Brasil, registrarán tasas cada vez más altas (el FMI pronostica un crecimiento en 2019 del 3% para México y del 2,1% para Brasil, cuya recuperación es ya perceptible). Por desgracia, el buen comportamiento de determinados países latinoamericanos se empaña por el deterioro económico imparable de Venezuela, de modo que las cifras globales quedan lastradas.

¿Cuáles son los retos para la economía mundial a corto y medio plazo?

Momento dulce, sí, que no debe en ningún caso llevar a la complacencia. Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo, ha insistido en la necesidad de convertir el crecimiento cíclico en estructural; recomienda, además, trabajar para las economías más resilientes, de modo que estén preparadas para la retirada de los estímulos monetarios y fiscales. La idea no es original pero sí muy relevante. No se descarta una desaceleración en los próximos 2 o 3 años, y debemos prepararnos para un aterrizaje suave (término que evoca épocas pasadas). 

El gran economista Maurice Obstfeld alerta, en un interesante post sobre las perspectivas económicas para los próximos años , de que “este momento dulce no es el new normal(estoy convencida de que esta expresión hará furor)

Como decíamos más arriba, no está conjurado el riesgo de nuevas burbujas, ya sea en mercados conocidos (inmobiliarios o bursátiles) o novedosos (bitcoin).  La persistencia de la baja inflación desconcierta (y preocupa) a buena parte de la profesión, aunque podría deberse al cambio tecnológico y a los últimos (y disruptivos) avances. En suma, buenas perspectivas pero también grandes dosis de incertidumbre, en parte asociadas a los retos que comentaremos a continuación.

proyecciones crecimiento fmi enero 18

 

Perspectivas económicas y retos en el ámbitos del comercio internacional. 

En el campo del comercio internacional el panorama es muy complejo y no menos confuso. De una parte, el comercio mundial ha crecido el 3% en 2017. Esta cifra sugiere que el proceso globalizador de las últimas décadas continúa (si bien a un ritmo algo más suave).

Se firman nuevos acuerdos comerciales, tanto multilaterales como bilaterales, y las economías en desarrollo rubrican tratados para favorecer la entrada de Inversión Directa Externa. Hay otros motivos para el optimismo: el crecimiento en EEUU puede ejercer externalidades sobre sus socios comerciales, y el aumento del precio de las materias primas favorecerá a los países que las exportan.

De otra parte, en los últimos años hemos observado cómo surgen ramalazos de proteccionismo en diversas partes del globo. El Presidente Trump, al comienzo de su mandato, enarboló la bandera de la defensa de los empleos americanos, incluso a costa de menoscabar la filosofía a favor del libre comercio imperante en los últimos años. De hecho, EEUU se ha retirado del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica o TPP.

No es menos cierto que en Davos, en un discurso medido, Trump ha hablado de “Estados Unidos primero”, pero no “Estados Unidos en solitario”, y de que es el momento idóneo para invertir en EEUU.  Asimismo ha afirmado que la retirada del TPP  se compensará con la negociación de acuerdos bilaterales, también con los países incluidos en el bloque.

A medio plazo, las proyecciones apuntan a un déficit por cuenta corriente en EEUU y al posible fortalecimiento del dólar. Este escenario, a su vez, abre una ventana de oportunidad para los exportadores europeos: quizá tengan ahora más fácil ampliar su cuota de mercado en los mercados internacionales.

Con respecto a otros riesgos e incertidumbres, cabe destacar la preocupación que suscita la reforma del NAFTA. Asimismo, las condiciones crediticias favorables en los mercados financieros alientan el endeudamiento en el exterior de los países emergentes y en desarrollo, lo que hace necesaria una llamada a la cautela. La Historia enseña, por desgracia,  que los episodios de endeudamiento excesivamente alegre en Latinoamérica o Asia han sido deletéreos para prestamistas y prestatarios.

Retos en el campo de la revolución tecnológica: la mejora de la cualificación

Como no podía ser de otro modo, también se abordó en Davos la revolución tecnológica y, más en concreto, el cambio de paradigma que supone la industria 4.0. La cuarta revolución industrial, asentada en pilares como la inteligencia artificial, el data analysis y el internet de las cosas, ofrece posibilidades casi infinitas pero también plantea innumerables interrogantes que llegan al ciudadano de a pie: no pocos se preguntan si su empleo (o la consulta de su médico de cabecera) será ocupado por un robot en el futuro.

A este respecto se ha presentado en Davos la iniciativa Closing the skill gap:  26 empresas se comprometen a mejorar la cualificación de sus empleados (mediante el training, reskilling y upskilling). Entre los firmantes se encuentran  British Telecom, Nokia, Nestle, Adecco, Barclays, Sap y Tata. La idea de fondo es completar la especialización con la mejora de otras competencias: capacidad para resolver problemas, adaptabilidad, habilidades interpersonales y digitales. Sin duda se trata de una iniciativa interesante.  Esperemos que no quede solo en agua de borrajas o buenas intenciones.

Las criptomonedas, el bitcoin y el blockchain

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Retos para la economía en 2018: los mercados financieros y el bitcoin

Las criptomonedas, y de modo muy particular el bitcoin, constituyen otro reto innegable. El valor del bitcoin se ha multiplicado por 12 en los últimos 4 años, y su mercado se estima en unos 500 miles de millones dólares. Además, parece haber vida más allá del bitcoin, porque la tecnología blockchain ofrece múltiples posibilidades. Algunos países están analizando la introducción de monedas digitales, y se oyen voces pidiendo una regulación crypto friendly que atraiga inversión y talento.

Este mundo tan abstruso conlleva tanto oportunidades como amenazas.  Para algunos economistas destacados, como el Nobel de Economía Shiller, las criptomonedas constituyen un experimento interesante, pero no está ni mucho menos asegurada su  permanencia. En el momento actual resulta difícil aventurar si sustituirán algún día a las monedas emitidas por los bancos centrales.

El dinero es medio de pago, pero también depósito de valor, y a este respecto la volatilidad de las criptomonedas suscita grandes dudas. Es posible (o incluso probable) que se esté generando una burbuja en el mercado de bitcoins, y si es así su valor experimentará una corrección a la baja. ¿Qué ocurrirá entonces? Es difícil de pronosticar. Por otra parte, las criptomonedas constituyen unos vehículos ideales para el blanqueo de fondos, los fraudes y los esquemas de tipo Ponzi, cuestión ni mucho menos trivial.

Nuevamente, nos encontramos ante un mecanismo que suscita, hoy por hoy, más preguntas que respuestas. Me inclino por una posición moderada: pienso que, al menos en el corto y medio plazo,  las criptomonedas servirán más como producto de inversión (actualmente de alto riesgo) que como sustituto del dinero tradicional.

En conclusión, nos encontramos, como tantas otras veces, en un momento apasionante. Las perspectivas para la economía mundial en 2018 indican que hay motivos para el optimismo, pero también para la prudencia. El mundo crece, sí, pero  también los problemas: algunos los conocíamos desde antaño, otros se generan en un territorio desconocido e inexplorado. Los avances tecnológicos disruptivos generan tantas oportunidades como amenazas. Los retos son incontables.
 
No olvidemos que los desafíos siempre han existido a lo largo de la Historia. Confiemos en que tanto los gobiernos como las empresas y el resto de los agentes aprendan a gestionar el escenario actual con acierto, de modo que se aprovechen las oportunidades, se evalúen los riesgos con cautela, se anticipen y conjuren – en la medida de lo posible –  las crisis futuras, y se alcancen cotas mayores de bienestar y progreso.
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