¿Por qué afecta el coronavirus a la economía?

William Stanley Jevons (1835-1882) fue un economista inglés que pasó a la historia por comenzar, junto a Menger y a Walras, la denominada revolución marginalista. Aplicó el cálculo diferencial a la economía y formuló la teoría que vincula el valor de las cosas y su utilidad. No en vano Jevons fue solo unas décadas posterior en el tiempo a Jeremy Bentham. Bentham, filósofo y padre del pensamiento utilitarista, legó sus restos o autoicono a la ciencia, de modo que su esqueleto nos saluda hoy, como una broma un tanto macabra, desde su puesto en uno de los edificios centrales del University College en Londres.

No se alude a Jevons en este blog por sus aportaciones a la microeconomía, sino por una curiosa teoría que pertenece más bien al campo de la macroeconomía. Jevons sostuvo que el sol, y en particular, las manchas solares, afectaban al ciclo económico a través de su impacto en la climatología y, en último término, en las cosechas agrícolas. El tiempo desmintió el peregrino argumento de Jevons, pero la idea, de algún modo, se conservó hasta nuestros días. En la actualidad se define el sunspot equilibrium como aquel en el que las variables económicas fluctúan debido a un factor aleatorio X, que posiblemente no influye per se en la producción, la renta o el empleo pero sí en las expectativas de los agentes (cuya importancia, por cierto, ya fue destacada por otro ilustre británico y vecino del University College, John Maynard Keynes). Dicho de otro modo, X impacta en la economía porque los agentes piensan que va a impactar en la economía; es una profecía que se autocumple.

En estos momentos, por desgracia, el coronavirus se ha cobrado ya más de dos mil vidas, se está comenzando a expandir por Europa y a principios de semana ha sembrado el pánico en las Bolsas. Los principales índices han descendido entre un 3% y un 5% y el Ibex ha registrado su peor caída desde el Brexit.

¿Por qué caen las Bolsas? ¿Es una reacción exagerada o posee algún fundamento real? ¿Nos hallamos ante un espejismo, un factor que realmente no afecta a la economía, como las manchas solares, o ante una amenaza verdadera? ¿Acierta el FMI al sugerir que el crecimiento mundial estimado para 2020 debe recortarse en varias décimas?

Lo cierto es que, en estos momentos, existe una gran dosis de incertidumbre. No se conoce a ciencia cierta el posible impacto económico del virus ni los canales por los que este efecto se hará sentir. Habrá que esperar, por lo menos, tres o cuatro semanas para disponer de información que permita elaborar estimaciones fiables, aunque, en realidad, pasarán meses antes de que se pueda realizar una valoración más certera. Esto no quiere decir que las consecuencias económicas del Covid 19 vayan a ser tremendas; sencillamente, todavía no lo sabemos.

Con objeto de estructurar el pensamiento, podemos sintetizar los efectos económicos potenciales de la enfermedad en tres categorías principales:

1. Factores asociados al crecimiento económico

Es bien sabido que las previsiones para 2020 ya vaticinaban que China moderaría su crecimiento este año. Es bastante probable que, en el escenario actual, la tasa de variación del PIB sea incluso menor a la pronosticada en un principio.

Kristalina Georgieva, la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, afirmó en una cumbre del G 20 el sábado pasado que, probablemente, el crecimiento de China será este año del 5,6%, 0,4 puntos porcentuales por debajo de la cifra prevista por el organismo el pasado mes de enero.

Una encuesta reciente de Reuters a un panel de economistas vaticina que el crecimiento de China bajará hasta el 4,5% en el primer trimestre de 2020, dato inferior al registrado durante la crisis financiera, como muestra la Figura siguiente.

China: crecimiento económico 2000-2019 e impacto estimado del Coronavirus según encuestas realizadas por Reuters a economistas entre el 7 y 13 de febrero.

La ralentización de la actividad en China se explica por el cierre prolongado de muchas de sus fábricas y la inactividad forzosa de sus empleados. De otra parte, hay síntomas preocupantes de asfixia financiera entre las empresas pequeñas y medianas, que suponen el 60% de la economía y el 80% de los empleos, según el Banco Central de China. Debido a su gran apalancamiento, se calcula que algo más de la mitad de las empresas pequeñas y medianas disponen de la liquidez suficiente para cubrir los pagos ordinarios solamente para uno o dos meses. Y estos problemas de liquidez, como es lógico, se dejarán sentir en los bolsillos de los consumidores y en las rentas familiares, y podrían hacer peligrar la supervivencia de una parte de esas empresas.

A su vez, la desaceleración de la segunda economía mundial tendrá efectos en el resto del mundo. ¿Cuáles? esa es la gran pregunta. La semana pasada el FMI creía que el impacto sobre el crecimiento mundial iba a ser reducido, de solo alguna décima, y limitado en el tiempo. Hoy…ya no está tan claro. Si la expansión del virus continúa, ese impacto puede ser mayor, con el efecto consiguiente sobre los flujos de comercio internacional, sobre todo si se adoptan medidas que restrinjan o frenen los intercambios comerciales entre países.

2. Factores asociados a la demanda

La disminución de la demanda por parte de los consumidores chinos se está haciendo sentir ya sobre determinados sectores e industrias, como el transporte, los artículos de lujo, la distribución o el turismo. La demanda de combustible, asimismo, ha caído, puesto que China es el primer importador mundial. Recordemos que el descalabro en los principales mercados de valores ha sido especialmente acusado en los títulos de empresas relacionadas con el turismo (IAG, Aena, Meliá, Air France, Lufthansa, Ryanair) o con las materias primas (Repsol).

Estos factores afectan especialmente a la propia economía china, pero también a otros países emergentes e incluso desarrollados. El turismo a Japón y Tailandia, por ejemplo, ya se está resintiendo.

La epidemia del SARS en 2003 generó un descosido notable en la actividad del sector. Entonces China era un emisor y receptor de viajeros de importancia mucho más limitada. En la actualidad, en cambio, es un participante destacado en los mercados turísticos. Se estima que, en 2019, China recibió 142 millones de turistas; en paralelo, sus habitantes realizaron 134 millones de viajes al extranjero. El efecto previsible del debilitamiento de la demanda y oferta chinas de turismo es hoy, por tanto, mucho mayor. Estamos hablando de una actividad económica que supone más del 10% del PIB mundial, y un 10% del empleo total, y crucial en determinados países, como España.

La gran pregunta es si este tipo de efectos se limitarán a determinados productos y sectores, o bien si se transmitirán al resto de la actividad económica, vía flujo circular de la renta. Hay razones que sustentan ambas posibilidades.

3. Factores asociados a la oferta

En 2020 China es un protagonista estelar en la economía mundial no solo por su papel como demandante de bienes y servicios, sino también por su relevancia en la oferta de productos. Por esta razón, una paralización del gigante asiático ejerce sus efectos en todo el mundo a través de su impacto en la cadena de suministros. El cierre de muchas fábricas en el territorio chino conlleva el debilitamiento del flujo de materias primas y bienes intermedios a empresas situadas en todo el planeta.

Estanterías vacías por problemas logísticos

Y estamos comprobando ya cómo algunas empresas manifiestan dificultades para atender la demanda. Jaguar Land Rover ha avisado ya que la semana próxima se enfrenta a un agotamiento del stock de componentes. Nissan y Hyundai han cerrado fábricas en terceros países porque carecen de piezas fundamentales en sus procesos productivos. Algo análogo sucede con Apple.

¿Es esto muy grave? De momento, no; si se prolongan en el tiempo, no obstante, estos cuellos de botella en la producción podrían perjudicar la cuenta de resultados de numerosas empresas y dar lugar a EREs y despidos.

No obstante, es razonable pensar que siempre existe un roto para un descosido, y que surgirán a medio plazo proveedores de bienes intermedios alternativos en otros lugares. Quizá no inmediatamente, quizá a un coste algo superior, pero sabemos que los mecanismos de asignación de recursos terminan por funcionar si se les deja margen.

En conclusión…

De los tres factores apuntados, el más grave, a mi juicio, es el primero. Si el dinamismo agregado de la economía china se reduce más de lo previsto hace unos meses, ocasionará tasas de crecimiento más bajas en el comercio mundial y por tanto en el producto de numerosos países. Y esta moderación no llega en buen momento, con los efectos del Brexit aún por desentrañar, los tipos de interés en mínimos y los datos de déficit y deuda pública en registros elevados. El margen de maniobra de las políticas monetarias y fiscales es, como ya dijimos en otro post, escaso.

Lo único claro en estos momentos es que el futuro no está claro. Los economistas podemos identificar una serie de efectos indeseables que el coronavirus puede ejercer en la economía mundial. ¿Sabemos algo con respecto a su magnitud probable? ¿Conocemos con qué grado de certeza se van a producir todos o algunos de ellos? Honradamente, creo que todavía no.

Por eso pienso que lo más sensato es huir de los extremos y adoptar una actitud prudente: wait and see. El catastrofismo exagerado nos conduciría, con una probabilidad bastante alta, a introducirnos en una espiral pesimista o mancha solar que, como las profecías que se autocumplen que mencionábamos más arriba, ejercería un impacto deletéreo sobre la economía. Ahora bien, tampoco tendría sentido negar que la situación no es la más favorable en estos momentos, y que conviene esperar a tiempos mejores para tomar determinadas decisiones.

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1 Response to ¿Por qué afecta el coronavirus a la economía?

  1. Anónimo dijo:

    Gracias! Una oportuna reflexión orientadora ante tanta incertidumbre…

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