Lo último del Brexit: Theresa May gana tiempo

El martes 26 de febrero la Primera Ministra Británica ha movido ficha tras un largo impasse en el contencioso del Brexit, y ha presentado a la House of Commons varias posibilidades de actuación:

  • el 12 de marzo, y tal y como estaba previsto, llevará su propuesta (revisada) al Parlamento, con el fin de que se vote.
  • Si se rechaza, dará a escoger a los parlamentarios entre una salida sin acuerdo o una extensión del art. 50 (lo que supone de facto alargar el Brexit) hasta tres meses.

Hoy por hoy, la actuación de May parece, al menos,  razonable. Era impensable que, de aquí al 31 de marzo, por arte de magia, las piezas del puzzle fueran a encajar y el embrollo de la frontera con Irlanda llegara a resolverse. Tampoco es que un margen de tiempo mayor suponga una bocanada de optimismo, puesto que lo que no se ha decidido en 24 meses difícilmente se resolverá en seis. En todo caso, en el interim pueden ocurrir algunas cosas, entre ellas, que salga adelante el segundo referéndum.

Mientras tanto, los restantes miembros de la UE replantean sus estrategias, con un ojo puesto en las elecciones de mayo. Y los sociólogos e historiadores más pesimistas hablan del Brexit como de un ejemplo palmario de desglobalización.

Creo que esta afirmación debe tomarse con cautela. Es cierto que, si RU abandona la UE, se revertiría la tendencia mundial a la integración comercial de las últimas décadas. Ahora bien, y a mi modo de ver, Reino Unido no se ha planteado abandonar la UE por razones comerciales, sino por motivos vinculados a la independencia legislativa frente a Bruselas y el control de la inmigración. Así se plantea, a mi juicio, en la entretenida película Brexit protagonizada por el incombustible Cumberbatch. 

El mercado único beneficia a todos sus miembros, y también a la economía británica: la mitad de su comercio internacional se realiza con los países de la UE. Hace un par de años los partidarios del Brexit argumentaban que la pérdida de socios en Europa se contrarrestaría con la firma de otros tratados comerciales, con miembros de la Commonwealth, por ejemplo. Este razonamiento ha dejado de escucharse. En primer lugar, la distancia a esos posibles partners es mucho mayor que a los europeos, y es bien conocido que los costes de transporte son un elemento fundamental en los flujos de comercio exterior. Por otra parte, Reino Unido puede acceder a tecnología puntera gracias a sus intercambios con Alemania o Finlandia, por ejemplo, lo que no es factible que ocurra con Fiji o Trinidad Tobago.

En la actualidad no se duda de que el abandono de la UE por parte de Reino Unido conlleva un considerable coste económico para este país. Se ha cuantificado en la pérdida de hasta un 15% del PIB a quince años en el escenario de no deal. También existe un daño cierto para el resto de la Unión, ya que la presencia británica servía de contrapeso a las actitudes más intervencionistas de otros países. De ahí que algunos –Holanda, Irlanda, Finlandia, Dinamarca, Suecia, los Países Bálticos – hayan formado la denominada “Nueva Liga Hanseática”, con la intención de promover una mentalidad más proclive a la estabilidad fiscal, un presupuesto comunitario de menor tamaño y un mercado único más abierto. 
Esta forma de entender la UE se
contrapone al eje franco alemán 
(aunque la posición de Alemania es un tanto ambivalente), más centrado
en conseguir una unión fiscal
en la eurozona. 

Todos salimos perdiendo con la marcha de RU, en el terreno ideológico, en el terreno cultural, en el terreno económico. Esperemos que algunas de las condiciones de salida, si se llega a firmar, reduzcan los perjuicios. Por otra parte, tampoco será el fin del mundo. Ahí quedan la Torre de Londres y el Big Ben, Shakespeare y Dickens, Turner y Elgar, Oxford y Cambridge.
Londres continuará, muy probablemente, siendo la capital del teatro, la cultura y las rebajas. No está tan claro qué ocurrirá con su indiscutible protagonismo financiero.
Ahora bien, si algo nos ha enseñado la historia, es que los británicos son pragmáticos. Y que la vida da muchas vueltas.

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