Boris Johnson y el Brexit

De acuerdo con los pronósticos, Boris Johnson reemplazó a Theresa May como Primer Ministro de Reino Unido el pasado 23 de julio, tras ser votado por el 66% de los militantes del Partido Conservador. Jeremy Hunt, Ministro de Exteriores durante los últimos nueve años, tuvo que conformarse con su derrota.

Aunque acontecido a finales de julio, en plenas vacaciones de unos y preparativos de salida de otros, es un episodio de gran trascendencia no solo para Reino Unido sino también para el resto de Europa y el mundo. De una parte, por el momento trascendental por el que atraviesa su país, atascado desde hace tres años en el proceso de salida de la Unión Europea. De otra, por la idiosincrasia del propio Primer Ministro.

Boris Johnson es un personaje muy especial. Inteligente, carismático y hábil, con cintura política y capacidad para adaptar el discurso a la conveniencia del instante. Buen orador y escritor, ha pasado en pocos años de Alcalde de Londres a miembro del Gabinete de David Cameron, ministro de Theresa May, candidato a Primer Ministro y ocupante de Downing Street en uno de los momentos más complejos de la historia reciente de Reino Unido.

Aquel que lea su interesante biografía de Churchill, The factor Churchill, que fue best seller hace unos años, podría sacar la impresión de que Johnson era un profundo europeísta. Cualquiera que lo escuche hoy, pensará que Johnson quiere escapar cuanto antes de la Unión Europea. De hecho, ha anunciado que la salida tendrá lugar en octubre, con o sin acuerdo. La posibilidad de Brexit sin acuerdo o Brexit duro, que sonaba solo a órdago con su antecesora, Theresa May, cobra muchos visos de realidad con su sucesor.

Dice Boris Johnson que Reino Unido saldrá de la Unión Europea el 31 de octubre, con acuerdo o sin él.

Pero, este escenario ¿no sería nefasto para UK? Alertan tímidamente los que abogan por seguir en la UE.

Es mucho peor para Europa! braman desde las filas euroescépticas, cuyo líder, el también original Jacob Rees-Mogg, es ahora el responsable del Gobierno para las relaciones con el Parlamento (puesto crucial en estos momentos). Y es que buena parte  del discurso pro-Brexit no ha avanzado demasiado en estos años.

“Los europeos no tienen más remedio que facilitar la salida en buenas condiciones para los británicos, les va mucho en ello”, dice Londres.

“Pardon, Messieurs, quien tiene más que perder aquí es RU”, contestan desde el otro lado del canal.

Y aquí estamos encallados desde hace años, en este Juego de la Gallina en el que ambos conductores piensan que será el otro el que girará bruscamente para evitar la colisión.

Los innumerable datos, cálculos y análisis que destacan las pérdidas que el Brexit supondrá para RU no se escuchan; los clamores a favor de la permanencia por parte de instituciones clave de la vida británica, como las universidades, la comunidad científica o el empresariado, se estrellan en los acantilados del movimiento pro Leave.

Y, ante este escenario, el británico medio está tan cansado del asunto que aboga por terminar cuanto antes, incluso, saliendo de la UE si esto permite a los políticos olvidar la palabra Brexit y comenzar a gobernar en los temas que preocupan a los ciudadanos, como la sanidad, la educación o los impuestos.

El escollo de Irlanda sigue ahí. Se trata, recordemos, de cómo gestionar el hecho anómalo de que, una vez consumado el Brexit, una parte del Reino Unido (Irlanda del Norte) estará fuera del Mercado Único pero continuará sin frontera física con un miembro de la UE, la República de Irlanda. Johnson afirma que hay soluciones compatibles con los acuerdos del Viernes Santo (que impiden establecer una separación física entre las dos Irlandas) y que no implican una frontera física o la nefasta salvaguarda. Todavía no ha detallado cuáles. Por supuesto, mantiene que no se pagará la factura de la salida, que asciende a 39.000 millones de libras (en honor a la verdad, esto lo ha dicho el ahora Primer Ministro desde siempre). El nuevo Primer Ministro activa los preparativos para la marcha en octubre mientras asegura a los ciudadanos de la EU que pueden permanecer en RU. Aparentemente, está buscando una nueva negociación con Bruselas y un nuevo acuerdo de salida, poco probables en estos tiempo. Y, si no hay cambios, un Brexit duro el próximo octubre. La amenaza, esta vez sí, es tan creíble que la libra esterlina toca mínimos y contagia en su caída a los mercados bursátiles.

¿Qué ha cambiado el nuevo líder respecto a los anteriores? Si todavía quedaba alguna esperanza de que el Brexit no se produjera, o al menos no de forma tan traumática, se ha evaporado. Lo que dice Boris Johnson tampoco es tan distinto de lo que decía Theresa May, en el fondo, como explicamos aquí y aquí. En la forma, sin embargo, el antiguo Alcalde de Londres es mucho más duro, claro y contundente.

Y en el horizonte, unas posibles elecciones generales para el otoño, y algunos movimientos inquietantes en Escocia. En suma, la incertidumbre continúa y aumenta. ¿Estamos en el principio del fin o en el fin del principio? La saga continúa.

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